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Las elecciones o cómo valoramos

Octubre 01, 2018 5

Generalmente nos pasa que cuando pensamos sobre algún tema, nos abstraemos de todo lo que nos rodea.

Miramos sin ver y oímos sin escuchar, porque estamos “viendo y escuchando” lo que pensamos. Mientras redacto este escrito, no veo los papeles de mi escritorio porque estoy en otro plano mental, hurgando en mi mente. Pero cuando no estamos concentrados en ningún pensamiento específico, vemos lo que nos rodea e inevitablemente, lo apreciamos. La apreciación tiene una gran dosis de pre-juicio. Juzgamos con los recuerdos que tenemos en la memoria. Y este mecanismo es muy personal, cambiante y hasta arbitrario, es el caso cuando hablamos de otras personas, de cultura, espectáculos, costumbres, la educación de los hijos, etc.

Cuando nos enfrentamos con alguien que no conocemos, vemos su aspecto físico, sus facciones, su cuerpo, vestimenta, también sus modales, gestos, su cara, mirada, escuchamos y valoramos sus dichos. No todos apreciamos lo mismo de la misma forma. Algunos, el aspecto físico, otros las palabras y seguramente diez personas verán diez cosas diferentes de acuerdo a lo que más les impacte o valoren. Esto es lo que nos hace diferentes, porque forma parte de nuestra personalidad, sensibilidad, gusto y cultura. El primer mensaje proviene de la apariencia general: gordo/flaco, viejo/joven, limpio/ sucio…etc. Si tenemos la oportunidad de hablar con él y tenerlo frente a nosotros, apreciaremos otras cosas, sus gestos, su manera de decir, el contenido de su mensaje, etc. y entonces lo calificamos como simpático, o agradable, o inteligente, etc. En una oportunidad conocí a una persona hablando por teléfono y me resultaba muy agradable, cuando la conocí personalmente, me pareció detestable.

En la mayoría de los casos encontramos algunas cosas que pueden ser positivas y otras negativas. Todo lo que hacemos siempre podrá tener alguna consideración negativa por parte de otro. Es porque todo tiene distintos puntos de visa que pueden ser malos o criticables.

Normalmente, de una persona u objeto, podemos dar nuestra opinión fácilmente. Pero en muchos otros no es tan simple. Si el tema es la política, nunca tenemos en claro si lo que nos dicen es cierto o esconde algún interés partidario, o la religión, donde la valoración es puramente espiritual.

Todas las valoraciones tienen sus matices, sus facetas y elegimos algunos de esos matices porque tenemos gustos y preferencias. Elegimos un tipo de música, pintura, literatura, deporte, comida, etc. y con la elección satisfacemos nuestra necesidad o gusto. Esto es muy elemental, simple e intrascendente, porque no le interesa a nadie el que yo prefiera escuchar música, que me guste la pintura, la lectura, etc. En el extremo opuesto, hay otras elecciones que son vitales, porque ponen, a largo plazo, en juego la vida de todos. Ocurre cuando intervenimos y modificamos la Naturaleza, por ejemplo, un bosque inexplorado, que está en orden y equilibrio. Si alguien tala 100 Has de bosque cada 10 días, es algo que le concierne a todo Mundo… este tipo de cosas son importantes porque afectan al presente y futuro de toda la comunidad.

Yo deseo escuchar música clásica porque me gusta, lo que no le cambia nada a nadie, le guste o no esa música, pero también quiero paz, trabajo, comida, instrucción, y no quiero explotación, corrupción, guerras, mentiras… lo cual si le afecta e interesa a todo el mundo.

Algunas elecciones o acciones no cambian nada, otras generan vida, y otras las destruyen. ¿Somos conscientes, nos damos cuenta de las diferencias?

Pensemos: optamos por vivir en las ciudades, con autos, aviones, todo, en alguna medida, es contaminante, desequilibrante y destructivo de lo Natural.

El tema es que, si bien muchos seres vivos se desarrollan plenamente en la Naturaleza sin afectarla, los humanos somos la excepción. El bosque repleto de plantas, animales e insectos, se mantendrá seguramente, en equilibrio por milenios y sin cambios. Pero con la aparición del hombre se modifica todo, porque necesita usarlo y adaptarlo a su conveniencia. No solo desaparecerá el bosque y aparecerá una ciudad, o una represa, o un campo de cultivo, con lo que cambiará el clima, agotará los recursos naturales y sobre poblará los campos.

Está bien que necesitemos la madera de los árboles, pero esto no nos autoriza a transformar un bosque en una llanura. Hay leyes que evitan estas transformaciones disponiendo talar y resembrar, solo el 10% de un bosque por año.

Necesitamos energía, pero puede ser renovable. Necesitamos reproducirnos, pero controladamente. Si ensuciamos o contaminamos el medio ambiente, podemos limpiarlo. Es por esto que me parece muy distinto desear lo que no modifica en nada a todo lo que nos rodea, a necesitar cosas que generan destrucción, aun cuando no nos damos cuenta.

Arq. Eduardo Cavallaro