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J. Krishnamurti

Noviembre 01, 2018 38

“Grandes sabios de la historia no han recibido buen trato en cuanto a la conservación de su sabiduría.

Los mejores de estos sabios y eruditos --antiguos hombres santos, hindúes, judíos, el Buda, Confucio, Sócrates, Jesucristo, el profeta Mahoma-- dejaron pocos escritos significativos. Sus verdades se revelaron en profundos discursos y diálogos sutiles, exposiciones orales que nos fueron trasmitidas en interpretaciones incompletas. Por eso, solo algunas de las verdades se conocen; muchas se han perdido. Aquéllos que buscan un sistema completo, tal como se presentó originalmente, tiene que depender de intermediarios poco confiables, tales como la fe, la interpretación, la interpolación y la reconstrucción.

A medida que nos acercamos a nuestro tiempo, este problema se invierte. El conocimiento da alcance a la sabiduría, y la cultura cede ante la tecnología. Los registros son extensos, pero lo que se registra es a menudo de menor valor. Hay, al parecer, una escasez de auténticos sabios. Según revelan los números, abundan los proveedores de sabiduría y de seudosabiduría, maestros que alegan poseer y suministrar trascendentes percepciones.

Sin embargo, muy pocos de ellos sobreviven a las pruebas que, sin lugar a dudas, definen a un verdadero explorador espiritual: la habilidad para comunicar un mensaje universal y liberador, un mensaje que no discrimina, que está libre de odio y es capaz de generar un desinteresado enriquecimiento de mentes y vidas; además está al alcance de todo el mundo. Según cualquiera de estos criterios, J. Krishnamurti fué verdaderamente un gran maestro moderno.

Toda la vida de Krishnamurti estuvo centrada en hacer realidad y explicar la búsqueda humana. Durante seis décadas, hasta su muerte en 1986 a la edad de noventa años, viajó por el mundo haciendo llegar su pensamiento a quienes quisieran escucharle. Millones lo hicieron. Su popularidad solía fluctuar, pero Krishnamurti persistió en sus esfuerzos para hacer que el hombre fuera absoluta, incondicionalmente libre. Hacia el final de su vida, nuevas generaciones -- los niños de nuestra era tecnológica-- redescubrieron a Krishnamurti. En una época caracterizada por sectas violentas y estentóreas, religiones confusas, sermoneadores de púlpito, él retuvo el aura propia de un antiguo profeta. Las modas filosóficas llegaron y se fueron; Krishnamurti perduró.”

Fuente: Introducción: Un esbozo de la enseñanza de Jiddu Krishnamurti
Prólogo del Doctor en Filosofía Ralph Buultjens,
Profesor de las Universidades de Cambridge y Nueva York.

Dr. Fernando Iráizoz