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Las 5 emociones básicas y su repercusión en la salud

Abril 16, 2019 321

Todos experimentamos momentos de IRA, EXCITACIÓN, PREOCUPACIÓN, TRISTEZA Y MIEDO, en el curso de nuestra vida diaria, pero cuando alguna de estas emociones domina nuestra experiencia interna o nuestro comportamiento externo, deviene en pulsiones que alteran el fluir de nuestra energía, desgastándonos, y a su vez, nos separan de nuestra propia conexión dañando incluso el vínculo con los otros.

Para la Medicina Tradicional China, así como los elementos del clima son las fuerzas principales dentro de las estaciones del año, las emociones constituyen los vectores principales de la psique humana.

No podemos ordenar a los vientos y mareas que cesen, pero podemos aprender a navegar en corrientes azarosas, si encauzamos nuestras emociones, afrontando así las “tormentas de la vida”.

En realidad, cada emoción, es neutra, representando un movimiento energético que busca expresar, manifestar, resolver aquello que bulle en nuestro interior.  En la medida que lo registremos, aceptemos y orientemos constructivamente resulta beneficioso para nuestro crecimiento personal, transformación creativa y aporte al bien mayor. 

Hace apenas 20 años las neurociencias comenzaron a investigar cómo se generaban las emociones y su localización cerebral. Así Steven Hyman, presidente de los Institutos Nacionales de Salud Mental de los Estados Unidos, declaró: “no hace mucho tiempo, la emoción fue terreno exclusivo de los poetas. Ahora una nueva ciencia de la emoción está descubriendo los caminos que en nuestro cerebro crean la memoria emocional.”

Así pudieron identificarse las vías anatómicas y los neurotransmisores intervinientes. Estructuras como el tálamo, el sistema límbico, la corteza sensorial, el hipotálamo y la formación reticular, conforman circuitos interrelacionados de procesamiento de las emociones. Pero para encontrar antecedentes científicos sobre el tema es menester retrotraerse a Darwin quien, en su obra “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” -1872-,  habla de emociones “innatas”, si bien modificables en su expresión con el aprendizaje.

Afirma que tanto los movimientos corporales como las expresiones faciales cumplen un papel de comunicación entre los miembros de la misma especie, transmitiendo información sobre el estado emocional del organismo,  resaltando el valor adaptativo de los mismos. A su vez, James en 1884, propone que la emoción no deriva de la percepción de un estímulo sino de los cambios viscerales que ése estímulo desencadenó y que son percibidos por el individuo. Años más tarde admite la importancia de la valoración-significación personal que posee dicho estímulo para su bienestar.

Repasando las últimas investigaciones, Henry -1977- sostiene que en la génesis de las respuestas emocionales desempeñan un papel importante lo genético y la experiencia pasada, mediados por patrones neuroendocrinos y conductuales; es decir que el sujeto y su percepción de las vivencias-estímulos  determina la emoción resultante -ira, tristeza, miedo, etc.-.

Panksepp, destaca lo primario de la emoción, describiendo 4 circuitos con bases anatómicas propias y prevalencia de ciertos neurotransmisores en cada uno de ellos -1991-:

1) sistema del miedo; su objetivo es evitar el dolor y la destrucción a través de las conductas de escape.

2) sistema de pánico: activado inicialmente por la relación madre-hijo, por ejemplo el llanto cuando necesita algún cuidado. Será la base del desarrollo de las conductas sociales.

3) sistema de curiosidad-búsqueda: relacionado con la auto-estimulación y la búsqueda de recompensa.

4) sistema de rabia-ira: activado por el bloqueo en el logro de una meta. Está al servicio de la supervivencia, pues frente a un peligro origina conductas de ataque o retirada.   

En cuanto al desarrollo evolutivo, en la actualidad no hay dudas sobre la habilidad de un bebé en mostrar y reconocer distintos estados emocionales, convirtiéndose en el principal mecanismo de regulación con su madre .

Ya a los 3 meses aparece la sonrisa y luego se presentan emociones negativas ligadas a molestia general y disgusto especifico, como tristeza y enojo. Hacia los 6 meses demuestran su alegría al estar en contacto con alguien afectivamente significativo. El miedo se suscita frente a cambios inesperados o extraños. Alrededor de los 18 meses aparecen emociones secundarias como empatía, vergüenza, culpa, orgullo, etc. A los 2 años, el lenguaje permite hablar de las emociones que perciben en los demás. Entre los 4 o 5 años evalúan correctamente las causas externas de la emoción en los otros.

Hacia los 7 años comienzan a considerar las causas internas de la emoción.

Ligado también al desarrollo, Bowlby, abona su teoría del APEGO, basándose en que los humanos nacen con un conjunto de conductas -como llorar, sonreír, contacto ocular-  para mantener cerca a un cuidador, lo que es indispensable para su supervivencia. El apego es entonces como un lazo emocional íntimo, que el niño establece con su cuidador/madre o padre.

Si la figura parental está cerca se siente seguro para explorar el mundo.

Greenberg destaca que las emociones no son racionales ni irracionales, sino “adaptativas”. Conectan nuestra naturaleza biológica con el mundo y están al servicio de nuestra supervivencia, regulando nuestras acciones, controlando el entorno, buscando situaciones relevantes - “e-motere” : moverse hacia-  y alertando a nuestra conciencia cuando se producen. La regulación será adaptativa cuando podamos expresar las emociones, EN VEZ QUE ÉSTAS GOBIERNEN AUTOMÁTICAMENTE nuestra conducta.

Jorge Carvajal -creador de la Sintergética-, afirma que el 70% de las enfermedades tienen su origen en fricciones del campo emocional, y que cada individuo se desequilibra según su modalidad de manejo emocional, actitud ante la vida. Una persona con predominio colérico-irascible, además del gran desgaste emocional implicado, experimentará impacto en el funcionamiento de su hígado y vesícula biliar ; alguien con exceso de ansiedad y excitación comprometerá su aparato cardiovascular -personalidad tipo A clásica-; si el patrón reaccional se inclina hacia los pensamientos preocupantes y obsesivos, sufrirán su bazo -páncreas-estómago; si la tristeza y melancolía oprimen frecuentemente, los pulmones y el colon, acusarán recibo; cuando el miedo se enseñorea sin control, los riñones y la vejiga serán sus blancos predilectos. Urge por lo tanto fomentar el aprendizaje consciente de nuestras emociones  y el desarrollo de un buen carácter, siendo flexible, fluido, respetuoso, tolerante, humilde, como la mejor estrategia de comunicación con el mundo. El ablandarse, dejarse conmover, permite restablecer el CÓDIGO DEL SENTIR CON LA TOTALIDAD.   

Dr. Salomón Szapiro   

Dr. Fernando Iráizoz